Los colores del mal: Negro | Final explicado, ¿quién era el secuestrador?
El thiller polaco está disponible en Netflix
El thriller polaco de Netflix Los colores del mal: Negro (Kolory zła: Czerń), dirigido por Adrian Panek, retoma la historia del fiscal Leopold Bilski (Jakub Gierszał). En esta entrega, ambientada en el pueblo de Trulocz, la desaparición de un niño llamado Piotruś destapa una red de abusos históricos, corrupción institucional y mitología local vinculada a un caso archivado de hace dos años.
Spoilers de Los colores del mal: Negro a continuación
Bilski descubre que los crímenes comenzaron años atrás en el coro de la iglesia local. El responsable de los abusos fue Romuald Chojnacki, un empresario multimillonario que financiaba la fundación religiosa y dominaba la economía del pueblo.
Las autoridades, el sistema judicial y los padres de las víctimas guardaron silencio durante décadas a cambio de dinero o para evitar repercusiones sociales. Entre los afectados estaban Michał (hijo del jefe de la policía), Arek, Patryk y la escritora Julia Sarman (madre de Piotruś), quien bloqueó el trauma de su infancia.
Adam Poznański desapareció dos años antes. La policía cerró el caso presionando a la madre para simular que el niño se había mudado. Bilski halla sus restos óseos en el bosque y descubre que personas ligadas a Chojnacki lo secuestraron; el menor falleció al saltar del vehículo en movimiento para escapar. El fiscal jefe Adamczyk encubrió el hecho inventando una adopción en Bruselas.
El cadáver de Adam fue hallado decapitado y con la cabeza entre las piernas, un rito tradicional de Casubia para evitar que los muertos regresen como Łopi (vampiros). El folclore local dicta que los bebés nacidos en caul (dentro del saco amniótico) se convierten en estas criaturas.
El secuestrador de Piotruś no fue Chojnacki, sino Nicki, su hijo ilegítimo y víctima de maltratos que derivaron en psicosis. Nicki actuó guiado por este mito tras escuchar que Piotruś había nacido bajo esa condición.