Hace cuarenta años, la cadena estadounidense NBC creó un nuevo bloque para su programación en horario estelar que resonó durante décadas: Must See TV. Traducido literalmente, el título hace referencia a los programas imprescindibles de la época, que incluían algunas de las comedias de situación más importantes de la historia de la televisión estadounidense, como Cheers y The Cosby Show.
En la década de 1990, series como ER Emergencias y Friends se unieron a este mismo "equipo" y el segmento se convirtió en sinónimo de una nueva "época dorada" de la televisión estadounidense. Después de tantos años, ver The Pitt evoca la misma sensación que ver un programa imprescindible.
Tras una sensacional primera temporada, que cosechó importantes premios de la industria como el Emmy y el Critics Choice Award, The Pitt regresa para su segunda temporada con el lema "si no está roto, no lo arregles". Con pocos cambios respecto a su predecesora, tanto en el reparto como en la trama, la nueva temporada recupera la energía frenética que se ha convertido en el sello distintivo de la serie, una fórmula que triunfó en 24 y que encaja a la perfección con el proyecto concebido por el trío R. Scott Gemmill, John Wells y Noah Wyle. Los 15 episodios equivalen a 15 horas de turno en la abarrotada sala de urgencias de un hospital de Pittsburgh, y cada minuto cuenta. De verdad.
Con su formato establecido, ver la segunda temporada de The Pitt da la sensación de que nunca abandonamos del todo a estos personajes. El nuevo turno marca la "despedida" de Michael "Robby" Robinovitch (Wyle), quien se prepara para tomarse un descanso de tres meses tras un largo período de estrés laboral. La vida en urgencias sigue igual, salvo que algunos de los residentes de primer año ahora son médicos y se han convertido en instructores de los nuevos estudiantes. Langdon (Patrick Ball) ha dejado la rehabilitación y está intentando reconstruir su carrera en el hospital, aunque Robby está decidido a dificultarle un nuevo comienzo.
La noticia más importante del hospital es la Dra. Baran Al-Hashimi (Sepideh Moafi), quien asumirá la jefatura del equipo en ausencia de Robby. Entusiasta del uso de la IA y la tecnología para mejorar los servicios hospitalarios, termina chocando con el protagonista, quien insiste en que no hay presupuesto para tales cambios. La dinámica entre ambos resalta el contraste entre lo tradicional y lo nuevo, y subraya cómo Robby, quien prioriza la salud del paciente sobre su experiencia en la sala de espera, lucha por dar el siguiente paso; años de frustración por la negligencia administrativa hacen que cualquier intento de evolución le parezca una causa perdida.
El gran logro de The Pitt es su capacidad de mantener el interés incluso cuando parece que no pasa nada. Entre vendajes y charlas entre residentes, la trama avanza sin pausas ni aburrimientos. La historia, y sus personajes, se desarrollan a través de la acción y el contacto con los pacientes. Más allá del estudio, es a través de la experiencia de victorias y derrotas que se forma un médico, y el equipo de The Pitt parece comprenderlo mejor que nadie.
A primera vista, la segunda temporada de The Pitt parece idéntica a la primera, y puede que así sea. Pero la fuerza de su narrativa es profunda y su formato tan cautivador que nos hace pensar que si existiera un canal que transmitiera la vida cotidiana de un hospital real las 24 horas del día, seguiríamos viéndolo todo sin pestañear.
Criado por: R. Scott Gemmill