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Moana reaviva la crisis de los remakes live-action de Disney: ¿Quién las pidió?

Película protagonizada por Dwayne Johnson llega a los cines criticada por ser un "copiar y pegar" de la animación de 2016

Omelete
4 min de lectura
09.07.2026, a las 12H57.

Con la llegada del nuevo live-action de Moana a los cines, se reaviva una discusión que ha acompañado a la industria durante años: al final, ¿estas reinterpretaciones en carne y hueso de Disney son realmente necesarias?

Cuando vemos el calendario, la pregunta cobra todavía más fuerza. La película original se estrenó a finales de 2016. Estamos hablando de un intervalo de casi una década entre la animación y el live-action, un abrir y cerrar de ojos en la historia del estudio. Para rematar, hace menos de dos años el público llenó las salas para ver la animación Moana 2, que originalmente iba a ser una serie para Disney+ y terminó recaudando más de US$ 1 mil millones a nivel global.

Si sumamos la recaudación de las dos animaciones, la franquicia supera la impresionante marca de US$ 1.7 mil millones. Desde un punto de vista puramente comercial, es obvio que el live-action tiene sentido. Disney opera como un ecosistema: el éxito en pantalla impulsa las visitas a los parques, las ventas de juguetes y el engagement en streaming.

¿Pero qué pasa con el valor artístico?

Moana es el "Control C + Control V" más fiel de Disney

Si películas como Cruella (2021) y Maléfica (2014) se atrevieron a subvertir las historias originales para crear algo genuinamente nuevo, Moana juega a la defensiva. Este es, sin duda, el live-action más "copiar y pegar" de la historia reciente de Disney. Cada escena memorable, cada arco dramático y cada golpe musical de la animación de 2016 están ahí, reproducidos casi cuadro por cuadro.

 

Esa fidelidad extrema funciona, en cierta forma, gracias al elenco. Elegir a otro actor para el papel de Maui sería un tiro en el pie: la imagen de Dwayne Johnson y la del semidiós están fusionadas en el imaginario popular. Aunque resulta un poco extraño verlo con peluca en las escenas iniciales, el actor rápidamente se apodera de la pantalla, especialmente en momentos como el de la ya clásica "You're Welcome".

La joven Catherine Laga’aia, aunque termina perdiendo espacio ante la presencia colosal de Johnson, logra ofrecer interpretaciones vocales a la altura de las composiciones originales de Lin-Manuel Miranda.

Convertir la animación en “realidad”, sin embargo, tiene su precio, y es aquí donde la película tropieza. En algunos momentos de mayor deslumbramiento visual, como el enfrentamiento contra Te Kā o la secuencia con los Kakamora, los efectos especiales funcionan. En cambio, las escenas ambientadas en la isla y en la balsa sufren por la falta de profundidad de campo, dejando en evidencia el uso de pantallas verdes artificiales y escenarios digitales planos. Lo mismo ocurre con la interacción con los animales digitales, el agua y los elementos en CGI del escenario. El brillo y los colores vivos que consagraron a la animación se pierden en una paleta a veces sin vida y artificial.

Otro punto que llama negativamente la atención es el sutil cambio en la dinámica entre los protagonistas. En la animación, Moana se consolidó como un ícono de independencia: una heroína que, a pesar de equivocarse y caer de la balsa varias veces, no necesitaba de un príncipe o de un semidiós para salvarla; ella resolvería sus problemas por su cuenta. En el live-action, el personaje parece mucho más dependiente de la presencia y de las decisiones de Maui, opacada por la gigantesca figura de The Rock.

Moana
Reproducción

Moana es solo una repetición de lujo

Al final de cuentas, el live-action de Moana funciona como una repetición de lujo. Es una versión cara y con actores reales de una historia que ya te sabes de memoria. Si eres un fan ferviente del universo de Motunui, seguro te vas a divertir y cantar junto en el cine.

Sin embargo, la sensación de déjà vu enciende una alerta sobre el rumbo de las adaptaciones del estudio. Con el live-action de Lilo & Stitch conquistando buenas taquillas y el proyecto de Enredados ya en desarrollo, queda claro que Disney no pretende abandonar esta fórmula en el corto plazo.

Comercialmente, no se puede negar que la idea es rentable. Moana forma parte de una “Era de Oro Moderna” del estudio, que encadenó éxitos de público y crítica como Enredados, Zootopia, Wifi Ralph y Frozen; con este último y la propia Moana convirtiéndose en las marcas más valiosas de la empresa en los últimos años, generando secuelas multimillonarias y una enorme cantidad de productos licenciados.

De la misma forma, otros live-action como El Rey León, La Bella y la Bestia, Aladdín y Alicia en el País de las Maravillas recaudaron en conjunto más de cinco mil millones de dólares, mientras que títulos como Mowgli, Cruella y Cenicienta también alcanzaron el éxito de la crítica. Con este historial, hay un blanco casi seguro para el futuro: Frozen tendrá una versión live-action pronto, y un anuncio no debería tardar una vez que las próximas secuelas animadas lleguen a los cines.

Moana
Reproducción

La gran respuesta al “¿quién pidió esto?” de Moana llegará en los próximos días. El resultado de la taquilla mostrará si el remake y Dwayne Johnson logran sobrevivir en este mar confuso y criticado de adaptaciones, surfeando la ola de la “fidelidad”, o si el público preferirá simplemente darle play a la excelente animación de 2016 en Disney+ una vez más.

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