Moana | El live-action es una repetición de lujo divertida, pero innecesaria (otra vez)
Dwayne Johnson vuelve a dar vida al semidiós Maui en otro remake de Disney
El regreso de John Lasseter a Disney Animation —después del rotundo éxito de casi dos décadas en Pixar — provocó una “Era de Oro Moderna” en el estudio, que encadenó éxitos de público y crítica como Enredados, Zootopia, Wifi Ralph, Frozen y Moana. Las dos últimas se convirtieron en marcas importantes para la empresa en los últimos años, generando secuelas multimillonarias y una enorme cantidad de productos licenciados. No es casualidad, por lo tanto, que Disney dirija su mirada y sus remakes live-action hacia este periodo, comenzando ahora con Moana.
La adaptación llega a los cines menos de 10 años después del estreno de la animación original, marcando la ventana más corta entre los remakes que Disney ha producido. Esta prisa por el estreno puede explicarse por el éxito de Moana 2, que recaudó más de mil millones de dólares en 2024 tras un cambio estratégico de lanzamiento: el proyecto, que iba a ser una serie de Disney+, se convirtió en largometraje, llegó a los cines y se volvió la tercera taquilla más grande de ese año, solo por detrás de Deadpool & Wolverine y Intensa-Mente 2.
Moana cuenta la historia de la hija del líder de la comunidad de Motunui, en la Polinesia, que necesita dejar la calma de su isla para enfrentarse al mar, encontrar al semidiós Maui y devolver el corazón de la diosa Te Fiti, la creadora de toda la vida. Debe apresurarse antes de que la oscuridad se apodere de todo, destruyendo la naturaleza y a su pueblo. La “princesa pero no tanto” desafiará no solo su destino, sino también las órdenes de su padre y a las criaturas del mar para cumplir su misión.
La versión live-action, con toda franqueza, es solo un "copiar y pegar" de la animación. No hay nada realmente nuevo, y todos los momentos icónicos son extremadamente parecidos, si no idénticos. Dwayne Johnson regresa al papel de Maui y repite lo que mejor sabe hacer. El actor canta, baila, juega con el tatuaje viviente del semidiós y, aunque al principio su peluca ondeante pueda causar extrañeza, demuestra que su personalidad y la de Maui son una sola. Elegir a otro actor para interpretar al personaje habría sido un error, y The Rock sabe vender esa idea como nadie.
La protagonista interpretada por Catherine Laga’aia es quien más pierde en la transición. Aunque se le llame princesa —y el chiste con Maui sobre el tema sigue funcionando—, Moana es una forma moderna de vender el arquetipo con el que la magia de Disney conquistó al mundo. Sin depender de príncipes, como en Frozen y Enredados, la protagonista es fuerte, decidida y, claro, aprende lecciones de la inconsecuencia de sus actos. Pero la versión de Laga’aia, aunque sigue exactamente los mismos pasos de la animación, parece mucho más dependiente de Maui, algo que termina inclinando la balanza a favor de la participación de Johnson en la película.
La dirección de Thomas Kail, quien estuvo al frente de espectáculos de Lin-Manuel Miranda en Broadway, como In the Heights y Hamilton, logra trasladar al formato digital algunos de los grandes momentos de Moana, como la pelea contra Te Kā, la secuencia de acción con los Kakamora y, especialmente, los números musicales, que hacen justicia a las canciones escritas por Miranda. “You’re Welcome”, la gran canción de Maui, adquiere el tono lúdico necesario con el carisma de Johnson, mientras que Laga’aia entrega el sentido de encanto e inocencia que exige el personaje en sus solos. Lo mismo ocurre con “How Far I’ll Go” y “We Know the Way”, que reciben la atención debida. Y, al igual que en la animación, en su proceso de mera replicación, la secuencia con Jemaine Clement y su cangrejo Tamatoa sigue sintiéndose aislada dentro de la historia.
La gran pregunta al final de la función sigue siendo por qué ver esta adaptación, tal como ocurre con la mayoría de los remakes live-action de Disney. Comercialmente, la justificación ya está dada, pero ¿de verdad es solo eso lo que impulsa el lanzamiento? Dwayne Johnson dijo en una entrevista que la película sirve para llegar a más personas, pero el argumento suena superficial cuando pensamos en una marca que llenó los cines con dos películas y sigue vendiendo productos año tras año.
Artísticamente, poco o nada se justifica, aunque la película sea entretenida. Pero eso es mérito de la historia y de las canciones creadas en 2016. Ahora solo queda esperar si Enredados, el próximo live-action de Disney, seguirá el mismo camino o si, al menos, se atreverá a arriesgar un poco más.