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Crítica

La Bola Negra | Gran película española en Cannes 2026 aborda historias olvidadas

Dirigida por el dúo Javier Calvo y Javier Ambrossi, la película usa a tres personajes gays en tres momentos distintos de la historia española para encontrar conexiones poderosas

Omelete
4 min de lectura
22.05.2026, a las 12H33.
La Bola Negra

Créditos da imagem: Festival de Cannes/Divulgación

Inspirada en una obra inconclusa del dramaturgo español Federico García Lorca, La bola negra es uno de los mejores y más conmovedores títulos del Festival de Cannes 2026. La película del dúo Javier Ambrossi y Javier Calvo, popularmente conocidos como los Javis, usa el lente del cine queer para trazar una línea entre distintos periodos de España y encontrar las historias perdidas, enterradas y silenciadas del país. Recorremos 1932, 1937 y 2017 junto a tres protagonistas gays cuyas vidas se conectan y se reflejan de distintas maneras, y en el proceso vemos expuesta la vergüenza de un pueblo que, muchas veces, llevó al olvido hechos, arte y personas.

Todo empieza en 1937, cuando Sebastián (Álvaro Lafuente Calvo, mejor conocido por su nombre artístico Guitarricadelafuente) se prepara para participar en una presentación musical en su pequeña villa, que está del lado nacionalista de la Guerra Civil. La idea es honrar la llegada de tropas de la Italia fascista, lideradas por un escuadrón aéreo, al entonces dividido país. Confundiendo a esos ciudadanos con partidarios del ejército republicano (o sin importarles la diferencia), los aviones ametrallan al pueblo, matando a la madre de Sebastián y obligándolo a huir del ataque, hasta que termina en manos de los fascistas y necesita entrar a la guerra, donde su primera función es vigilar a un prisionero valioso.

Algunos años antes, en 1932, Carlos (Milo Quifes) es presionado por su padre para dejar de lado a sus amigos más artísticos y ser aceptado como miembro de un club local de aristócratas y hombres de negocios, que se reúnen en un casino y realizan las votaciones usando bolas blancas (para sí) y bolas negras (para no). Es rechazado y escucha que la duda de esa comunidad sobre su sexualidad fue la razón. Con las tensiones escalando en el país y una revuelta a punto de estallar, decide intentarlo de nuevo de todos modos.

La Bola Negra

Carlos González y Glenn Close en La Bola Negra.

Festival de Cannes/Divulgación

Mucho más tarde, en 2017, el historiador y exdramaturgo Alberto (Carlos González) descubre que el abuelo que nunca conoció, padre de la madre con la que apenas tiene una relación, falleció, pero le dejó una herencia misteriosa que involucra acontecimientos, justamente, de los años 30. Decide investigar a fondo el pasado de su familia, y en el proceso necesita replantearse no solo su profesión, sino también la decisión que tomó de abandonar el arte.

Cómo se conectan estas tres líneas temporales es el gran logro de La bola negra. Aunque las tramas son poderosas por sí solas –en especial en el caso del drama de guerra de Sebastián con el teniente Rafael (Miguel Bernardeau), un exjugador del Atlético de Madrid que se alistó del lado republicano antes de ser capturado por los enemigos–, es la combinación de las tres lo que hace que el trabajo de los Javis aspire a lo mejor del cine. La forma en que estos tres hombres pasan por la vida del otro desafía los límites entre realidad y ficción, y encuentra en los paralelismos la oportunidad para abordar la lucha que las personas queer han librado en España desde hace décadas y, en la manera en que fueron ignoradas por la historia colectiva del país, una comprensión más amplia de la relación de este pueblo con su pasado.

A través de escenas memorables con Penélope Cruz (impecable) y Glenn Close (cuya participación en la película es más que académica, sirviendo para terminar de atar los nudos temáticos con diálogos didácticos, pero que aun así encuentra espacio para una emoción genuina), La bola negra conecta estas ideas de forma elegante y conmovedora. Entendemos no solo los dilemas de Sebastián, Carlos y Alberto con su identidad gay, sino, por encima de eso, cómo ellos y otras figuras que se cruzan en su camino se entienden como españoles. 

La Bola Negra

Penélope Cruz en La Bola Negra.

Festival de Cannes/Divulgación

La Bola Negra trae a la mente El Agente Secreto, porque así como la película de Kleber Mendonça Filho trata del borrado como un acto casi comunal realizado por Brasil para dejar de lado sus episodios más oscuros, el largometraje de los Javis usa el prisma de la discriminación contra los gays para alcanzar un terreno todavía más fundamental sobre la construcción de la España moderna. Hay mucha suciedad por encontrar, por ejemplo, en el hecho de que Sebastián esté del lado nacionalista (aunque, de cierta forma, contra su voluntad), o en cómo Carlos no logra ser el héroe que sus amigos ven. Alberto, por su parte, estaba satisfecho sin enfrentar los problemas que tiene con su madre, pero el descubrimiento sobre su abuelo lo desafía a salir de su zona de confort y entender su propia ignorancia.

La bola negra pone a prueba a sus personajes. Necesitan trabajar, sufrir, llorar y guerrear para que sus voces no sean completamente asfixiadas por años y años de derramamiento de sangre. Del otro lado, la película los recompensa, junto con el público, con descubrimientos escalofriantes sobre sus vidas, y sugiere que llegó la hora de que la población española se mire a sí misma y vea las varias “bolas negras” en su legado. Quién sabe, tal vez así puedan tomar rumbos distintos.

Nota del Crítico

La Bola Negra

La Bola Negra

2026
155 min
País: Espanha
Direção: Javier Calvo, Javier Ambrossi
Roteiro: Javier Calvo, Javier Ambrossi
Elenco: Álvaro Lafuente Calvo, Milo Quifes, Carlos González, Miguel Bernardeau, Glenn Close, Penélope Cruz
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