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He-Man de 1987 | Crítica retro de He-Man: sobrevive a la nostalgia

La producción protagonizada por Dolph Lundgren sufre por el bajo presupuesto y repite los mismos problemas de la nueva película

Omelete
4 min de lectura
04.06.2026, a las 11H22.

Amos del Universo regresa a los cines con una nueva encarnación de He-Man, esta vez en la piel y los músculos de Nicholas Galitzine. Pero durante mucho tiempo, la imagen del héroe de Eternia estuvo ligada al rostro (y al físico imponente) de Dolph Lundgren. En 1987, dos años después de debutar en 007 - En la mira de los asesinos y de interpretar a Ivan Drago, uno de los mayores adversarios de Rocky Balboa, el actor sueco tomó la capa y la espada del personaje en una producción que prometía ser “el Star Wars de los años 80”, pero que hoy sobrevive solo por la nostalgia.

En la trama, Eternia vive bajo un régimen de terror impuesto por Skeletor (Frank Langella). He-Man (Lundgren), Duncan (Jon Cypher) y Teela (Chelsea Field) lideran una resistencia que intenta rescatar a la Enchantress (Christina Pickles, la mamá de Ross y Monica en Friends), mantenida como rehén por el villano en el Castillo de Grayskull. Durante la misión, el grupo se cruza con Gwildor (Billy Barty), un inventor que creó una llave capaz de abrir portales, la cual terminó en manos de Skeletor. Al huir de las fuerzas del mal, los cuatro van a parar a la Tierra y se alían con la joven Julie (Courteney Cox) y su novio.

Amos del Universo tuvo una producción caótica. El director Gary Goddard incluso llegó a acusar a Mattel de no pagar la mitad del presupuesto prometido. Según el cineasta, la marca de juguetes también metió mano en el guion, prohibiendo que el héroe matara a cualquier enemigo o tuviera actitudes que se desviaran del manual políticamente correcto de la empresa, lo que rigidizó la narrativa. Para empeorar las cosas, los diálogos de Dolph Lundgren tuvieron que ser redoblados por completo en la posproducción, ya que su actuación fue considerada débil y su fuerte acento perjudicaba los diálogos.

La falta de dinero es visible, y la decisión de ambientar la mayor parte de la trama en la Tierra fue puramente financiera. No por nada, la película pierde mucho con eso. Incluso los escenarios minimalistas, como la entrada de la casa de Gwildor o una colina en el desierto de Eternia, tienen más identidad y encanto que el pueblito genérico donde vive Julie, que parece sacado de una sitcom barata.

He-Man
Divulgación

Los efectos especiales, aunque ya se sienten viejos, funcionan como un registro histórico de la época. Pinturas en matte, objetos recortados flotando en pantalla, rayos y luces dibujados a mano... todo lo que ofrecían las producciones de bajo presupuesto de los años 80 está ahí. El problema es que, al apuntar a Star Wars, la película terminó dando más a Superman IV.

Esa manía de beber de otras fuentes consagradas por la cultura pop, cabe señalar, no es exclusiva de la cinta de 1987. La nueva versión de He-Man padece exactamente del mismo mal, intentando emular fórmulas del Universo Cinematográfico de Marvel (como el amigo terrícola de Adam, que funciona como un "Ned de Spider-Man") y a Roboto, como un robot de guerra parlanchín, al estilo de K-2SO, de Rogue One. Lo mismo aplica para la insistencia en sacar la fantasía de su territorio original, un recurso que Hollywood usó hasta el cansancio por creer que el espectador necesitaba ver el mundo real en pantalla para conectar. El público de los años 80 ya no necesitaba eso —salvo cuando el presupuesto corto lo exigía— y el de 2026, mucho menos.

Lo que ambas producciones tienen en común, y que salta a la vista en la versión ochentera, es la fuerza del villano. La interpretación de Frank Langella (así como la de Jared Leto en la nueva película) es fantástica, mezclando la villanía clásica con un tono shakespeariano en la medida justa. El discurso final de Skeletor, en la cima del poder, es excelente, al igual que los matices en la forma en que provoca a He-Man o reacciona a los latigazos que recibe el héroe.

Goddard sortea las limitaciones financieras —y la propia rigidez de la máscara de goma del antagonista— con juegos inspirados de luz y sombra, especialmente en el enfrentamiento final, que aísla al héroe y al villano en un plano casi abstracto. 

Al final de cuentas, Amos del Universo de 1987 envejeció mal. Si viste la producción en la infancia, el factor nostalgia logra salvarla, convirtiendo la experiencia en una divertida sesión kitsch. Pero si nunca te topaste con esta joyita o no le tienes ningún apego emocional a los músculos embadurnados de Dolph Lundgren, la travesía se vuelve una tarea difícil —y, para muchos, demasiado hercúlea.

Amos del Universo está disponible en streaming en Prime Video.

Nota del Crítico

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