Moana | El live action sentará el ejemplo de no adaptar tan pronto
Dwayne Johnson llega a las salas ahora como Maui.
Moana (2026) llega tan solo diez años después de su contraparte animada, aquella que recaudara más de $600 MDD alrededor del mundo, ese 2016 tenía un Dwayne Johnson rey de la taquilla, ya sea en su momento de acción con la saga Rápidos y Furiosos o con un personaje tan colorido y divertido como lo es Maui. Pero este live action servirá de autopsia para analizar la adaptación de una obra que tiene menos de una década en la memoria colectiva de la audiencia.
La llegada de Disney+ vino a reforzar la idea de que Moana era una buena opción para transformar en live action, ya que ahí están los datos de los usuarios: la película animada es vista una y otra vez, la taquilla fue buena, tenemos a su actor original dispuesto a repetir su papel, ¿qué puede salir mal? Y lo cierto es que a Moana (26) le falta ese misticismo que cubría a su contraparte animada.
Catherine Laga'aia es ahora la protagonista de la historia, y la actriz logra llevar la película de la misma forma que Moana lleva su pequeña balsa por el peligroso mar. Disney vio la fuerza en pantalla que tiene Laga'aia, y ella hace suyo el personaje de Moana. Más de la mitad de la película es prácticamente ella y Johnson en pantalla; la química entre los dos actores es innegable. Sin embargo, se alcanza a percibir a Johnson en un modo diferente.
A lo largo de su carrera, Dwayne Johnson ha conectado con el público gracias a sus primeros pasos como luchador en la WWE, que es un semillero para crear entretenedores; John Cena o Dave Batista son alumnos de aquella escuela también. Sin embargo, 'La Roca' es diferente en esta película, mucho más contenido, y se nota más si lo comparamos con la versión animada de Maui de una película vista, como máximo, hace 10 años.
Es entonces cuando es imposible no pensar que el rango de tiempo que Hollywood debería considerar para hacer un live action debería ser, como mínimo, de 15 años, tal cual como lo hizo Cómo entrenar a tu dragón. No es lo mismo que un niño viera Moana (16) a sus 10 años; ahora tiene 20, porque naturalmente le llama más la atención algo como Backrooms u Obsesión para ver en cine que un live action de una caricatura que vio de niño. Al menos con el live action de Chimuelo, demostró que agregar cinco años extra pega más en la nostalgia.
Al final, el live action de Moana podría venir a sentar un precedente sobre cuánto tiempo es el correcto para adaptar un largometraje animado, porque el lapso de una década es demasiado corto, algo que tendremos que agradecerles a Moana y Maui, mientras él responde de forma casi automática: "De nada".