Cumbres borrascosas es hipnótica visualmente pero se vuelve repetitiva
La muy esperada adaptación con Margot Robbie y Jacob Elordi es una de las más esperadas de este 2026
Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 2026) por fin llega a los cines esta semana y los fans verán, después de tanta espera, la historia protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, una experiencia visual poderosa, pero con un resultado final no tan convincente.
La nueva adaptación del libro escrito por Emily Brontë en 1847 es una de las películas más esperadas de la primera mitad del 2026 porque reimagina esta historia ya clásica de pasión, sexo, dolor y venganza desde la perspectiva de Emerald Fennell. La directora, que ya tiene un estilo bien marcado, es la responsable de Hermosa venganza (2020) y Saltburn (2023), y no le teme para nada a la polémica, sino que la abraza y, por lo tanto, entrega una versión muy pasional y sensorial.
De este nuevo proyecto se habló mucho desde su anuncio y la conversación se centró en dos ejes: la dupla protagonista, interpretada por el actor de Frankenstein (2025) y la protagonista de Barbie (2023), y de la esencia de esta adaptación. Sobre la misma, varias veces se reforzó que no es una versión fiel del libro, sino que busca darle actualidad, desde el tono y las formas, a los conflictos que plantea la novela.
Y con el estreno de la película, se hablará mucho más de los temas expuestos. Del primero, de la dupla que lleva adelante el romance de Catherine Earnshaw y Heathcliff, definitivamente habrá tela para cortar porque, lamento decirles, no hay química.
Ella, una de las caras más bendecidas de la industria, como en la mayoría de sus trabajos, funciona, rinde, hace lo que tiene que hacer. La actriz de Había una vez en Hollywood (2019) y El lobo de Wall Street (2013) sufre cuando tiene que sufrir y mucho mejor lo hace cuando tiene que humillar al otro, casi que es un placer cuando tiene que hacer de mala y enterrar a su adversario. No por nada, es una de las más buscadas por los directores top. Tiene oficio y corta tickets.
En cambio él, uno de los nuevos mimados de Hollywood, pese a experimentar un gran aplauso en dos de sus apariciones en la función donde presencié el film, no entrega matices. Sufriendo, gozando, en su entrada entre sombras, mirando con deseo, en todas las escenas se comporta igual. Lo ayuda mucho el equipo de maquillaje y peinado cuando hay un cambio en su pelo y barba, pero no mucho más. En un comienzo pensé que se debía al registro propio de su personaje, con pocas luces y más salvaje, pero en la cena en la mansión Linton, donde fuma y tiene que hacer de galán, la verdad que no modificó su expresión. Y ese problema se extiende en toda la película.
Y pese a toda la campaña del falso enamoramiento y el anecdotario de momentos románticos que sucedieron en el rodaje, no parece haber química en casi ninguna de las escenas. El mejor momento de estos personajes es en la niñez, con otros actores (el brillante Owen Cooper de Adolescencia y Charlotte Mellington como la joven Cathy), donde se conocen y sufren al padre de Catherine, interpretado por Martin Clunes, pero en adultos, no parecía que realmente se desearan al nivel de lo que quiere contar la película.
Ahora bien, los páramos de Yorkshire, el viento, esos campos tristes, largos e intransitables y luego todo lo que sucede en el mansión de los Linton, sus cuartos, vestidos, su estética, sus sombras, todo parece tener más presencia, más personalidad. En el contrapunto brillan más todavía. Visualmente, esos decorados, sus colores versus los exteriores grises y angulosos, ventosos, brindan más presencia e identidad a la película, algo mucho más cercana a lo que cuenta el libro.
Con una primera hora (dura 136 minutos) bastante interesante, la segunda parte solo refuerza los temas presentados en el inicio: la pasión de ellos, el romance, los silencios, el engaño y la venganza. Y sigue repitiendo esa misma dinámica, solo que en la segunda hora ella está en otra condición que no vale la pena revelar. Pero el guion gira en lo mismo durante toda la película, salvo que es más pasión en su segunda mitad.
Entiendo que, parte de la intensión de la directora era generar una especie de asfixia llena de lujuria y rencor, de algo que los colores, la música y los decorados o locaciones acompañan muy bien. Se creó algo de no poder escapar de esa relación fundada hace décadas que tiene que ver más con lo sensorial. Si uno se puede entregar a eso, a solo sentir y dejarse llevar con lo que está pasando, el objetivo está cumplido. Gritos no faltarán, quizá la parte más divertida es cuando la directora se divierte y juega con sus protagonistas.
Cumbres borrascosas explota muy bien ese sentido del vicio de lo prohibido, de no encontrar salida de una situación de deseo obsesivo. Pero en el medio de toda esa historia de amor y sexo, la repetición te saca del trance. De todas maneras, será un éxito de taquilla, no cabe dudas, pero también una película que dividirá al público y a la crítica como pasó con Saltburn, lo que marca que la directora sabe a qué juega y se divierte no solo con sus historias sino también con lo que genera con ellas.